Un electricista llega a una casa donde una toma se calienta cada vez que conectan la plancha. Antes de tocar nada, hace una cuenta rápida en su cabeza: voltaje conocido, potencia de la plancha, cable instalado. En menos de un minuto sabe que el problema no es la toma, sino el calibre del cable. Esa cuenta de cabeza es la Ley de Ohm, y es la herramienta mental que separa al electricista que adivina del que diagnostica con criterio.
Si estás aprendiendo el oficio, esta es la fórmula que más veces vas a usar en tu vida profesional. En esta guía te explico qué es la Ley de Ohm, cómo se aplica su fórmula con despejes claros, ejemplos numéricos resueltos paso a paso y casos reales de instalaciones residenciales donde entenderla te ahorra errores, dinero y, en algunos casos, accidentes serios.
Qué es la Ley de Ohm y por qué la usa todo electricista
La Ley de Ohm es la relación matemática que conecta las tres magnitudes fundamentales de cualquier circuito eléctrico: el voltaje (V), la corriente (I) y la resistencia (R). Fue formulada por el físico alemán Georg Simon Ohm en 1827 y, casi dos siglos después, sigue siendo la base del cálculo de prácticamente toda instalación eléctrica que se construye en el mundo.
En palabras simples, la Ley de Ohm dice esto: la corriente que circula por un conductor es directamente proporcional al voltaje aplicado e inversamente proporcional a la resistencia de ese conductor. Traducido al lenguaje del oficio: si subes el voltaje, sube la corriente. Si subes la resistencia, baja la corriente. Es una relación predecible y exacta, y eso es lo que la hace tan poderosa.
¿Por qué la usa todo electricista? Porque te permite:
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Calcular qué calibre de cable necesitas para soportar una carga sin sobrecalentarse.
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Saber qué interruptor termomagnético dimensionar para un circuito.
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Verificar si una falla es lógica o si algo no encaja antes de poner las manos.
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Estimar el consumo de un equipo a partir de su placa de datos.
La Ley de Ohm no es teoría que se memoriza para un examen. Es una calculadora mental que se usa todos los días en obra.
La fórmula de la Ley de Ohm y sus tres despejes
La fórmula Ley de Ohm original es esta:
V = I × R
Donde:
V = Voltaje, medido en voltios (V)
I = Corriente, medida en amperios (A)
R = Resistencia, medida en ohmios (Ω)
A partir de esa única fórmula salen dos despejes más, según lo que necesites calcular:
Despeje para calcular corriente
Cuando conoces el voltaje y la resistencia y necesitas saber cuánta corriente va a circular:
I = V ÷ R
Este es el despeje que más se usa en instalaciones residenciales, porque normalmente conoces el voltaje de la red (110 V o 220 V) y la resistencia o impedancia del equipo, y necesitas saber la corriente que va a demandar.
Despeje para calcular resistencia
Cuando conoces el voltaje y la corriente y necesitas saber la resistencia del circuito o del equipo:
R = V ÷ I
Este despeje lo usas mucho cuando mides con multímetro y necesitas comprobar si una resistencia (un calefactor, una bobina, un elemento térmico) está dentro de los valores esperados o está fallando.
Las tres fórmulas dicen exactamente lo mismo; lo único que cambia es qué variable estás despejando. Una vez que la entiendes de verdad, no tienes que "elegir" una versión: la armas en tu cabeza según los datos que tengas.
El triángulo de Ohm: el truco para no olvidar la fórmula
Si te cuesta memorizar los tres despejes, hay un truco visual que usan los electricistas desde siempre: el triángulo de Ohm.
Imagina un triángulo dividido en tres partes. Arriba va la V (voltaje). Abajo se dividen dos casillas: a la izquierda la I (corriente) y a la derecha la R (resistencia). La regla es simple: tapa con el dedo la variable que quieres calcular y mira cómo quedan las otras dos.
Tapas la V → ves I × R → entonces V = I × R
Tapas la I → ves V sobre R → entonces I = V ÷ R
Tapas la R → ves V sobre I → entonces R = V ÷ I
Triángulo de Ohm
Tapa con el dedo la variable que quieres calcular: las otras dos quedan dispuestas en la forma correcta de la fórmula.
Es un truco viejo, pero funciona. Cuando llevas un par de meses haciéndolo en obra, dejas de necesitar el dibujo: el triángulo se queda en tu cabeza.
Ejemplos resueltos paso a paso
La teoría se entiende con ejemplos numéricos. Te muestro tres casos resueltos, cada uno con un despeje distinto y un contexto real del oficio.
Ejemplo 1: Calcular la corriente que consume un equipo
Situación: Vas a instalar una resistencia eléctrica de calefacción con una resistencia interna de 22 Ω en una red de 220 V. Necesitas saber cuánta corriente va a demandar para elegir el cable y el térmico correctos.
Datos:
V = 220 V
R = 22 Ω
I = ?
Aplicas la fórmula:
I = V ÷ R = 220 ÷ 22 = 10 A
Lectura del electricista: El equipo va a tirar 10 amperios. Eso significa que necesitas un cable que aguante mínimo 10 A con margen de seguridad (en la práctica, calibre 14 AWG o 2,5 mm²) y un interruptor termomagnético de 16 A.
Ejemplo 2: Calcular el voltaje sobre un componente
Situación: Estás revisando un circuito de iluminación LED de bajo voltaje. La tira LED tiene una resistencia equivalente de 6 Ω y por ella circulan 2 A. Quieres confirmar el voltaje al que está trabajando.
Datos:
I = 2 A
R = 6 Ω
V = ?
Aplicas la fórmula:
V = I × R = 2 × 6 = 12 V
Lectura del electricista: La tira está trabajando a 12 V, que es justo lo que indica la placa. Si midieras con el multímetro un valor muy distinto (por ejemplo 18 V), sabrías que la fuente está mal regulada y vas a quemar la tira.
Ejemplo 3: Calcular la resistencia de un equipo desconocido
Situación: Mides con tu multímetro un calefactor que dice en su placa "1.500 W a 220 V". Quieres confirmar qué resistencia debe medir cuando esté en frío para descartar que esté quemado.
Primero calculas la corriente nominal (Potencia ÷ Voltaje):
I = 1.500 ÷ 220 ≈ 6,82 A
Luego aplicas la Ley de Ohm para calcular la resistencia:
R = V ÷ I = 220 ÷ 6,82 ≈ 32,3 Ω
Lectura del electricista: Si al medir con el multímetro en modo ohmios obtienes un valor cercano a 32 Ω, el calefactor está sano. Si te da infinito (OL en pantalla), la resistencia interna está abierta y el equipo no calienta. Si te da casi 0 Ω, está en corto.
Estos tres ejemplos cubren el 90% de las situaciones reales en las que vas a aplicar la Ley de Ohm en una instalación residencial.
Aplicaciones reales en instalaciones residenciales
Más allá de los ejemplos numéricos, estos son los escenarios concretos donde la Ley de Ohm te ahorra problemas en obra:
Dimensionar el calibre del cable
Antes de tirar un metro de cable, calculas la corriente que va a circular. Si la instalación va a alimentar una carga de 3.500 W a 220 V, sabes que la corriente será de aproximadamente 16 A, y eliges un cable que soporte esa corriente con margen (calibre 12 AWG o 4 mm² en este caso). Sin Ley de Ohm, estarías adivinando.
Elegir el interruptor termomagnético correcto
La protección debe disparar antes de que el cable se sobrecaliente. Con la corriente calculada, eliges un térmico cuyo valor nominal proteja al cable sin disparar innecesariamente. Si el cable aguanta 20 A, el térmico suele dimensionarse en 16 A o 20 A según norma.
Diagnosticar caídas de tensión
Si conoces la resistencia del cable y la corriente que circula, puedes estimar cuánto voltaje vas a "perder" en el recorrido. En tendidos largos esto es crítico: una caída de tensión mayor al 3-5% hace que los equipos al final del circuito trabajen mal o se dañen prematuramente.
Detectar fallas con multímetro
Mides una resistencia y comparas el valor con el que debería tener según la Ley de Ohm. Si no coincide, ahí está la falla. Es el método más rápido y limpio para localizar problemas en motores, calefactores, transformadores y muchos componentes.
Verificar la integridad de un circuito antes de energizarlo
Antes de dar tensión a una instalación nueva, mides la resistencia entre fase y neutro con todos los equipos desconectados. Si la lectura es muy baja, hay un cortocircuito en algún punto y debes encontrarlo antes de cerrar el térmico. La Ley de Ohm te dice qué esperar.
Cuatro casos reales de Ley de Ohm en obra
Errores comunes al aplicar la Ley de Ohm
Aunque la fórmula es simple, hay errores que se repiten y que conviene tener identificados desde el principio:
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Confundir unidades: trabajar con miliamperios (mA) cuando la fórmula espera amperios (A), o con kiloohmios (kΩ) cuando espera ohmios (Ω). Siempre convierte a las unidades base antes de calcular.
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Aplicar Ohm a cargas no resistivas puras: motores, transformadores y bobinas tienen impedancia, no solo resistencia. La Ley de Ohm sigue aplicando, pero el cálculo se vuelve más complejo. Para instalaciones residenciales básicas, los ejemplos Ley de Ohm simples funcionan bien; para cargas reactivas necesitas conceptos adicionales.
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Olvidar el factor de seguridad: si la corriente calculada es 16 A, no puedes elegir un cable que aguante exactamente 16 A. Siempre se trabaja con margen (mínimo 25% adicional según normas).
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No verificar la tensión real: la red puede tener 215 V o 230 V en lugar del 220 V nominal. Cuando haces cálculos de precisión, mide la tensión real con multímetro antes de calcular.
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Calcular con la potencia nominal en lugar de la corriente real: los equipos demandan más corriente en el arranque (sobre todo motores). Para dimensionar protecciones, considera esa corriente de arranque.
Estos errores se cometen menos cuanto más aplicas la fórmula en casos reales. Por eso el enfoque práctico es clave: en el Curso de Electricidad de Certhana Academy, la Unidad 1 está pensada para que apliques la Ley de Ohm en circuitos reales desde el primer ejercicio, no para que la memorices.
Preguntas frecuentes
¿Qué dice exactamente la Ley de Ohm?
¿Cuál es la fórmula de la Ley de Ohm y sus tres versiones?
¿Para qué sirve la Ley de Ohm en una instalación eléctrica?
¿Qué es el triángulo de Ohm?
¿Es difícil aprender a aplicar la Ley de Ohm si soy principiante?
Conclusión
La Ley de Ohm es la herramienta más simple y más poderosa del oficio eléctrico. Con una sola fórmula y dos despejes resuelves cálculos de cable, protecciones, diagnósticos y verificaciones que son el día a día de cualquier electricista profesional. No es teoría; es la calculadora mental que vas a tener encendida en cada visita técnica.
El próximo paso es practicarla hasta que se vuelva automática: con cada equipo, con cada instalación, con cada medición. La práctica es la diferencia entre conocer la fórmula y dominarla.


